Notas de dirección

Regina se presenta como dama de hielo, mujer de mármol, rígida e impenetrable. Sólo el eco de sus pensamientos nos remiten a un deseo vetado, reprimido, transformado en indiferencia por las hábiles estrategias de una eficaz inteligencia. Un deseo, no obstante, real, y que Regina asumirá progresivamente, atreviéndose a romper con las obligaciones de un comportamiento excesivamente aprendido, hasta devenir la mujer plena, capaz de vivir libre de acuerdo a su sentir.

Los pensamientos de Regina nos ayudan a hacer con ella este recorrido por su  fantasía oculta, donde los secretos cogen forma, enfrentándola a sus límites, fundiéndola con la mitología erótica, e invitándola a encontrar su propia diosa. Un canto de libertad que  Regina acabará sublimando.

Realismo y mundo onírico se mezclan, dibujando un cuadro de imágenes y acciones, un estímulo para los sentidos, donde la música y el cuerpo poético se convierten en principales canales expresivos.  Con la máxima atención en las ideas de la autora, la puesta en escena se centra en el trabajo de las actrices-cantantes, con los mínimos elementos escenográficos requeridos, poniendo énfasis en la acción y la interpretación precisa, que ha de recorrer un gran abanico de registros. Y que nos permitirá asistir, juntamente con la profunda relectura de los temas musicales, en relación al erotismo más refinado, a la liberación de la red que sostiene el mundo de control de Regina. Una red que a más de uno…a más de una… nos evocará a unos ecos bien conocidos.

Susana Egea